Anuncian un duro ajuste en Brasil contra la inflación

Un fuerte giro en las políticas económicas del gigante sudamericano

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Buscan, además, aumentar el superávit fiscal. Las medidas reducirán el gasto público por medio del recorte de subsidios de desempleo, ayuda por enfermedad o los créditos baratos que se otorgan a las empresas.

El gobierno de Brasil anunció ayer un duro plan de ajuste de perfiles ortodoxos que generará una caída en el consumo, especialmente en las nuevas capas de clase media. 
Las medidas tiene como norte reducir la inflación y aumentar el superávit fiscal, que es lo que el gobierno ahorra para el pago de la deuda pública. El paquete es un racimo de señales para los mercados, e implica un giro fuerte en relación a los discursos oficialistas de la reciente campaña electoral. Si las medidas resultan como fueron anunciadas será el ajuste más severo desde que el PT llegó al poder hace 12 años.
La presidenta Dilma Rousseff hizo los anuncios en una rueda de prensa pero fue su ministro saliendo de Economía Guido Mántega quien fue más explicito sobre los alcances de las medidas.
El funcionario dijo que se proponen realizar “una importante reducción de gastos” a partir del año entrante. En ese momento se inicia el segundo mandato de la jefa de Estado que acaba de ganar en una ajustada eleccion en la que venció por sólo tres puntos a las fuerzas más conservadoras del opositor Aecio Neves. 
“Desde el punto de vista de la política fiscal, tenemos que caminar hacia un aumento gradual del superávit primario en relación a 2014 … Para esto tenemos que hacer una reducción de gastos, una reducción importantes de gastos”, repitió con énfasis.
El ministro sostuvo que buscarán reducir los gastos que más crecen”. En ese canasto hay cantidades de renglones sociales. “Buscamos reducir el seguro de desempleo y los abonos y auxilios por enfermedad”. También serán recortados los subsidios que se otorgan a las empresas a traves de préstamos a bajo costo por parte del Banco Nacional de Desarrollo Económico, (BNDES). 
El aviso sobre políticas de austeridad ocurre en momentos en que las cuentas públicas del gigantes sudamericano han registrado un déficit superior al esperado. En setiembre el rojo primario rondó la cifra historica de 20 mil millones de reales (unos 7.840 millones de dólares), lo que sembró temores de que las cuentas cierren en rojo este años. El superávit fiscal actual es de apenas 0,61 por ciento y la meta es subirlo a 1,9% hacia final del año, un objetivo que los economistas dudan que pueda ser alcanzado.
Entretanto, la inflación supera la meta de 6,5% por ciento alcanza 6,75%. La intención es que el indice de costo de vida no crezca sobre el 4,5% el próximo año. 
La presidente Rousseff, quien se propone detallar este programa después de su asunción el próximo primero de enero, dijo con firmeza que “vamos a hacer la tarea, vamos a apretar el control de la inflación y tendremos límites fiscales”. Y sostuvo que van a “revisar todas las cuentas con lupa y ver lo que puede ser reducido y lo que puede cortarse. Tenemos que hacer un ajuste en varias cosas, varias cuentas pueden ser reducidas”.
Estos cambios, específicamente la disciplina fiscal y el control de la inflación, son medidas ampliamente reclamadas por los mercados. Este año Brasil crecerá cerca de 0,25%. Un paquete de ajuste y austeridad, puede elevar ese nivel. Pero el problema es que producirá una inevitable caída del consumo y un importante costo social. 
Una víctima más que probable de esta nueva estructura, es el llamado Sector C, que es la flamante clase media que se desarrolló durante los dos mandatos del ex presidente y mentor de Rousseff, Inacio Lula da Silva. En esos gobiernos la clase media se amplió por encima del 50 por ciento de la población nacional, uno de los méritos más subrayados de la gestión de Lula.
El paquete de medidas se produce después que la empresas Petrobras, controlada por el gobierno, anunció el jueves un alza del precio de los combustibles, lo que impactará en los niveles de inflación. Las naftas subieron 3 por ciento y el diésel cinco por ciento. Fue el primer reajuste del valor de las naftas después de casi un año y en medio de un largo periodo de subsidios por parte del gobierno. Estos subsidios perjudican los balances de la petrolera que debe comprar combustibles a precios internacionales y venderlos más baratos dentro de Brasil. 
El paquete constituye un cambio del gobierno en la dirección que remarcaba la oposición social demócrata. Después de la segunda vuelta de las elecciones, la presidente aseguró que había oído la voz de la gente. Este giro sin embargo promete generar resistencias entre los sectores más pobres del norte del país que votaron masivamente por la reelección