Cristina, “La demoledora”

Elecciones 2017.

Luis Novaresio

Además de hacer añicos al PJ, Cristina Fernández de Kircher demuestra desprecio por las Paso. Curioso: cuando puso en marcha esa ley, ella misma pidió que los partidos y dirigentes cumplieran con “los compromisos de la democracia”.

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Cristina Fernández dijo alguna vez que se sentía una arquitecta egipcia. Quizá sea de ese deseo onírico irrealizado de donde haya nacido su voluntad bien concreta de derrumbar y hacer añicos el Partido Justicialista en el alguna vez dijo militar. Un hombre que fue funcionario de su segunda administración y que tuvo diálogo hasta hace poco con ella asegura que la escuchó decir: “El PJ es mucho menos que nosotros. No pienso dar internas con los que no están a mi altura. Que se lo metan…”, habría dicho exasperada, invocando para terminar la frase el clásico sitio en donde no da el sol.

La política nacional tiene poca memoria. Si es cierto que los ejemplos de esto son incontables y abarcan a dirigentes de todas las extracciones y partidos, el negar tantas o más veces que Pedro a su mesías a apenas ocho años de haber sancionado una ley y, con particularidad, de haberla impulsado como un mérito propio es, cuanto menos, asombroso. “Yo espero que cumplamos con los compromisos de la democracia. Que no haya más candidatos designados a dedo, listas cerradas, candidatos que no puedan participar”, decía en un discurso por cadena nacional, obviamente, la entonces presidenta al lanzar la ley de las Paso. Hoy, se niega a admitir primarias con otros contrincantes.

No es verdad que la doctora Kirchner pretenda evitar favorecer al gobierno de Cambiemos con su llamado a la unidad partidaria. Convocando a su nuevo frente de unidad vecinal parte en tres al peronismo, o lo que queda de él: su propuesta, la del PJ con Florencio Randazzo y el frente liderado por Sergio Massa. La administración Macri festeja su decisión. Como alguna vez lo hizo al saber que el dedo de la ex presidenta había ungido a Carlos Zanini como compañero de fórmula de Daniel Scioli. Su corcoveo anti Paso es una clásica expresión de sí misma: ombliguismo con pretensión de infalibilidad.

Los delirios de un regreso por aclamación popular existen en la mente de Cristina. Se imagina llamada por plazas como la del 17 de octubre del 45 dispuestas a invocar a su salvadora, capaz de corregir la senda trazada por el imperialismo neoliberal de Macri. Así se expresan algunos de sus seguidores. Que el gravísimo momento social por el que se atraviesa golpea como nunca con pobreza e inactividad productiva es real. De ahí a que la mayoría de los argentinos haga pendular sus pensamientos entre una receta de recesión ya vista antes y una banda de saqueadores del Estado hay un trecho inmenso.

Cristina Kirchner ha cristalizado su presente imitando a un antecesor a quien decía detestar. Hay un 30 por ciento de ciudadanos que le guardan fidelidad talibana. El resto, repudio visceral. Ella se ha colocado en el mismo escenario que Carlos Menem en 2003 cuando el riojano ganó la primera vuelta de las elecciones pero no pudo siquiera presentarse al balotaje sabiendo del voto negativo con el que contaba.

Randazzo sufrió embates del kirchnerismo que rozan lo patético, en algunos casos, y lo delincuencial, en otros. Su excesivo silencio hasta la fecha debería ser roto para relatar cómo quisieron correrlo de su idea de presentarse a internas pero, esencialmente, para saber qué piensa en esta coyuntura. No tiene mucho más que esta semana para pasar de un silencio mesurado a un mutismo incapacitante.

¿Es Cristina candidata? Nadie lo sabe. Miente el que asegura otra cosa. Entre el “tiempismo” propio de los que juegan a la política y el desprecio que tiene ella hacia los que la rodean por no estar a su altura, todo es conjetura. ¿Desprecio? Que lo diga si no el dirigente más saliente del “obsecuentismo” K, Luis D’Elía, ni siquiera considerado en el frente impulsado por la dos veces presidente. Lo dejaron afuera sin más. Si sirve como comentario al pasar, la Cámpora cree que este 20 de junio en al cancha de Arsenal la doctora Fernández anunciará no sólo su candidatura a senadora sino la de la cabeza de lista a diputados con otra mujer: Verónica Magario.

También son especulaciones de laboratorio las presencias del intendente Mario Ishii y del inefable Guillermo Moreno en las filas ortodoxas del partido justicialista. Algunos lucubran que son el caballo de Troya de la propia Cristina dispuestos a vencer al randazzismo y luego quedarse con todo. Demasiado devaneo que, a la vista de lo que pasa, suena impúdico.

Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias surgieron como un intento de arrebatarle a cuatro o cinco poderosos, padrinos mafiosos de los partidos, el control de las estructuras internas de las agrupaciones que proponen candidatos. Fue un buen intento. ¿Funcionan como debiera ser? A ocho años de estar en práctica parece apresurado sacar ideas concluyentes. Es hora de empezar a acostumbrarnos en nuestro país que el ejercicio de una ley es la base de un sistema sólido. No hay reforma a cada dato so pretexto de modernización. Hay que cumplir con la ley y asumir incluso las consecuencias disvaliosas del sistema. Aburre ver la concepción adánica de la mayoría que, también, quiere dinamitar el sistema a cada paso.

Por ello, es incomprensible la posición del massismo encabezada por Margarita Stolbizer. La diputada bonaerense dijo sin ambages que “las primarias no sirven absolutamente para nada”. Otra expresión de dinamita fácil. ¿Una epifanía institucional? Sólo cabría preguntarle a la legisladora si se dio cuenta justo ahora, cuando faltan unos días para nominar candidatos, de la inutilidad del sistema para no caer en oportunismos de campaña. Algún observador fino podría preguntar lo mismo respecto de la proscripción a Martín Lousteau para que compita en Cambiemos. “Nunca estuvo en esta alianza”, dicen los que justifican la decisión. ¿Lousteau no fue embajador de Cambiemos? Detalles.

Algo parecido al debate a los apurones que se instala en estos días por la responsabilidad penal de los menores que comenten delitos. Paréntesis: una profunda revisión de los sistemas judicial y penitenciario debe ser hecha cuanto antes. Allí sí hay premura. Pero no es cierto que endurecer leyes o penas prevenga o evite el delito juvenil. Los jueces llamados de Menores ya poseen hoy enormes facultades discrecionales para sancionar a quien mata o viola. Si no ocurre es por distorsión ideológica o por carencia del sistema de aplicación de penas.

Volviendo a las Paso, se escucha también el argumento de la onerosidad de los comicios. No vale la pena gastar tanto dinero en primarias, se dice. Eso es muy peligroso y poco feliz. Por lo primero, es casi lo mismo que proponer evitar los sistemas de representación política por ser “demasiado caros”. Por lo demás, el presupuesto de 2600 millones de pesos que se estimó es apenas una vez y media lo que se venía pagando por Fútbol para Todos. Sí sería bueno discutir entre los argentinos si nos interesa respetar la ley, cumplirla, dejarla andar y con el tiempo, sólo con el tiempo, modificarla, o repetiremos el ideario de los demoledores a cualquier precio, convencidos de que son iluminados sin margen de error.