El alza del dólar ya es crisis política: Macri pierde margen ante un mercado descreído

La segunda jornada consecutiva de desplome de los bonos y alza del tipo de cambio confirmó los temores por las fisuras del programa económico

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Está muy cansado. Amargado. Frustrado”. Así describe a Mauricio Macri un empresario que suele tratarlo más allá de las obligaciones laborales, y que compartió un rato con él después del fin de semana largo. Y la frase sintetiza la forma en que el empresariado argentino y el mercado financiero perciben al Presidente luego de las contundentes señales de desconfianza traducidas en el desplome de bonos y en la escapada del dólar.

El desasosiego de Macri se produce en la misma semana en la que se había ilusionado con un cambio en las expectativas sobre la economía. El lunes había comenzado con la bendición de un acuerdo con los fabricantes de alimentos y los supermercados para mantener congelados los precios de 64 productos de la canasta básica.

En un cambio de 180 grados en su estrategia, la apuesta era encaminar un tránsito pesado en cuanto a la inflación.

Unas pocas jornadas después, el salto del dólar no sólo compromete la meta del índice para lo que resta de este mes y para mayo. También, le pone varios signos de pregunta al lanzamiento del plan de “precios esenciales”, previsto para el próximo lunes.

El jefe de Estado no termina de comprender la dinámica de los mercados financieros, cuenta el empresario. “En resumidas cuentas: que él buscó la polarización con Cristina; que Cristina genera pánico en los mercados, y que ese pánico se le vuelve en contra a él”, se explaya.

Y, de hecho, en la única intervención pública que tuvo ayer -tal vez una de las peores jornadas de su gestión- fue para transmitir su convicción de que lo que está ocurriendo es una situación encapsulada en el mundillo financiero y que no se condice con la sensación que tiene la mayoría de la población.

“Son tipos detrás de una computadora, que compran, venden, que tienen una visión de corto plazo, buscan la oportunidad”, definió el Presidente al tiempo que el riesgo país batía récords.

Jaime Durán Barba expone esa visión sin vueltas: “Los mercados están equivocados”, asegura. Un cuestionamiento tan lineal sobre el funcionamiento del amplio mercado donde se transan los bonos de la deuda argentina es desconocer esa dinámica. Algo que podría esperarse de dirigentes que no sean market-friendly. Pero no de un representante de Cambiemos.

Sin margen de acción

Lo cierto es que el Gobierno en pleno quiere tener la fórmula para estabilizar el mercado cambiario. Pero, bajo el actual esquema, no existen demasiadas herramientas para utilizar. Durante la tarde del último miércoles y ayer, jueves, se intensificaron los contactos con Washington.

Desde el Palacio de Hacienda y el Banco Central buscan que el FMI flexibilice su férrea postura y habilite algún tipo de intervención para apagar el fuego cuando el tipo de cambio se escapa.

La preocupación central es el recorrido del billete verde. Y la elaboración de la mejor estrategia para templar los ánimos de los inversores en los peores momentos. Lo que mejor salió en medio de la agitación de las últimas 48 horas fue la intervención de la Anses recomprando bonos del Estado, que habían quedado a precio de remate.

Esa intervención le puso un piso a los precios. Pero el mercado y los funcionarios saben a la perfección que, en el mejor de los casos, se trata de un salvataje de corta vida si no se regenera la confianza de los inversores.

Precisamente, lo que se percibió en las últimas horas es que se desplomó el último armado con el Fondo Monetario Internacional: la creencia de que las licitaciones diarias por u$s 60 millones -sumados los agrodólares- ayudarían a estabilizar la situación cambiaria. Esos dos factores constituían una suerte de reaseguro que les permitía dormir tranquilos a los funcionarios porque suponían que de esa forma se neutralizaba cualquier intento de corrida. Pero también eso cambió abruptamente.

La lectura que se propagó entre los financistas fue que las encuestas dando a Cristina Kirchner ganadora en el balotaje, en simultáneo con el lanzamiento de su libro por el cual oficializaría su candidatura, dinamitó la estrategia oficial.