El déficit fiscal y el ajuste tarifario complican la pelea contra la inflación

Algunos de los motivos por los que a la Argentina le cuesta reducir la suba generalizada de precios.

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Anuncios del equipo económico en Casa Rosada.Jefe de Gabinete Marcos Peña, presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, ministro de Economía, Nicolás Dujovne y el ministro de Finanzas Luis Caputo, bindan una conferencia de prensa en la Casa Rosada

La inflación de 2017 resultó superior a todos los pronósticos oficiales, con un envión hacia fin de año. No solo estuvo impulsada por los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, en especial gas, agua y electricidad. También por una serie de servicios privados, como los vinculados a las comunicaciones y la salud. Si se excluyen los precios de los bienes y servicios regulados y estacionales, la suba anual “núcleo” punta a punta superó el 21%.

Este año también las tarifas públicas seguirán al frente de la inflación, de acuerdo al cronograma oficial, a lo que se agrega ahora un dólar que empezó a recuperar parte de la cotización atrasada de casi dos años. Los pronósticos privados ya marcan para 2018 una inflación piso del 20%, superior a la meta oficial “corregida” del 15%.

Estos altos niveles inflacionarios se registraron con salarios y jubilaciones que no recuperaron el año pasado la pérdida de unos 10 puntos de 2016 . Y que arrancan 2018 con un descenso en términos reales de los ingresos por la mayor inflación de los últimos meses y por los aumentos de precios y tarifas ya anunciados por lo menos hasta mitad de año. Los salarios, las jubilaciones, o el consumo masivo, no son los impulsores de la actual inflación sino más bien los perjudicados. Las próximas paritarias serán otra pulseada en esta puja entre precios y salarios.

La alta inflación del año pasado se registró a pesar del dólar “contenido” y la avalancha importadora que deberían haber acotado la suba de los precios locales.

El valor del dólar se mantuvo casi sin movimiento durante la mayor parte del año por las altas tasas de interés.

Esas altas tasas – que, según la versión oficial, debían servir para aplacar la inflación– encarecieron el costo del crédito y alentaron un fuerte ingreso de dólares financieros que llevaban a elevar y mantener elevadas las tasas de interés, en un movimiento que se retroalimentaba. Además, alimentaron en 2017 un desequilibrio en las cuentas externas –por el exceso de importaciones frente a las exportaciones, pago de servicios y rentas – de casi U$S 30.000 millones. Ese déficit fue más que financiado por la “lluvia” de dólares, con incremento de las reservas del Banco Central y también salida de capitales.

El país continúa con elevados déficits gemelos – fiscal y externo-que alimentan la inflación por la vía de las altas tasas de interés y el peso de los servicios de la deuda en las finanzas públicas y en las cuentas externas.

El alto déficit fiscal es otro gran desafío porque, el año pasado, también tuvo registros récord –del 6% o más del PBI –, sin provincias ni BCRA. Aunque bajó el gasto primario, el ahorro fiscal por la suba de las tarifas quedó más que neutralizado por la mayor carga de los intereses de la deuda y de la propia deuda. Con las nuevos aumentos de tarifas, la apuesta oficial es lograr en 2018 un déficit fiscal menor.

Hacia fin de año el Gobierno impuso un cambio. Admitió que habrá una mayor inflación, e impulsó una adecuación de la política monetaria-financiera, en la puja entre tasas y dólar, que estamos transitando con resultados aún inciertos. En tanto, la inflación sigue haciendo de las suyas.