El diputado venezolano agredido por el chavismo: “Unos coñazos no son nada”

Armando Armas, de Voluntad Popular, habló ensangrentado tras el ataque y llamó a resistir

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Hay casi cien jóvenes que han muerto por esta vaina. Unos coñazos no son nada. Son veinte huevones, nosotros somos más diputados aquí que allá y estamos aquí para defender a Venezuela. Para eso fuimos electos. Cuéstenos lo que nos cueste, así sea la vida. Estoy orgulloso de representar el estado en Anzoategui y al pueblo de Venezuela “.

Con la camisa blanca manchada de rojo por la sangre, abierta, y dos personas que le revisan las heridas e intentan curarlo, el diputado de la opositora Asamblea Nacional de Venezuela Armando Armas así habla en medio del Parlamento, luego del ataque sufrido en manos del chavismo más radical, que ayer entró al recinto de manera abrupta con palos, piedras, cuchillos y gases lacrimógenos.

El video fue publicado por el propio Armas, que en su cuenta de Twitter agregó fotos de la violencia y dijo: “Fuimos ELECTOS para defender al PAÍS. Hoy #5Jul la barbarie se quiere imponer a la CIVILIDAD ¡ABAJO LA DICTADURA!”.

Armas es abogado y miembro fundador del bloque Voluntad popular. Ayer, tras el ataque comandado por el vicepresidente Tareck El Aissami, recibió 10 puntos quirúrgicos en la cabeza y sufrió contusiones en la cara.

“Los últimos días del tirano Nicolás Maduro y de la mafia que está detentando el poder en Venezuela, que no gobierna, desgobierna, intentaron hoy arremeter con la institucionalidad que nosotros defendimos”, aseguró ayer en diálogo con la cadena CNN, donde comparó lo que está sucediendo en el país con lo que sucedió en Colombia en los días previos a la caída del narcotraficante Pablo Escobar.

Ayer, seguidores del gobierno venezolano hirieron a siete diputados, tres de los cuales quedaron sangrando por la cabeza, al irrumpir violentamente en la sede del Parlamento de mayoría opositora, bajo asedio de oficialistas durante nueve horas.

Con palos y tubos, un centenar de personas, algunas encapuchadas, entraron al Palacio Legislativo, en sesión solemne por el Día de la Independencia, y detonaron bombas de estruendo en jardines y pasillos, creando pánico y caos.

Entre el humo de los explosivos, golpearon a los diputados y a otros funcionarios, y obligaron a periodistas a bajar sus cámaras y abandonar el sitio, sin que fueran contenidos por la Guardia Nacional.