Informe sobre los rendimientos de maíz y los factores “potenciadores” del cereal

La Universidad Nacional de Río Cuarto continúa haciendo investigaciones para la determinación del rendimiento potencial de maíz para servir a modelos de diagnóstico.

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Escrito por Gabriel Espósito, profesor de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el informe busca poner blanco sobre negro sobre los rendimientos del maíz, los factores directamente determinantes que inciden a la hora de contar kilos, nutrientes necesarios para optimizar rindes, fechas de siembra que potencian o no al cereal, densidades, influencia en la cantidad, metodología del riego, cantidad y tipo de fertilizantes, y muchos factores más.

Compartimos el artículo de la UNCR, publicado y difundido también por Aapresid.

El rendimiento potencial de un cultivo es aquel que puede obtenerse en condiciones óptimas para su crecimiento, sin limitantes de agua y nutrientes, empleando un cultivar adaptado a dicho ambiente y con un control efectivo de factores causantes de estrés, como malezas, plagas, y enfermedades (Sinclair, 1993; Evans & Fischer, 1999).

Frente a este escenario, el rendimiento de una especie está dado por factores que tienen una marcada influencia sobre el desarrollo, crecimiento y rendimiento del cultivo (Cirilo, 1994; Andrade & Sadras, 2002). Así, la radiación que determina la fotosíntesis y la temperatura, que determina la longitud del ciclo de un cultivo, modifican directamente el rendimiento (Andrade et al., 1996).

Los altos rindes de maíz están asociados con ambientes de alta radiación solar y temperaturas óptimas, maximizándose cuando la amplitud térmica (diferencia entre la temperatura del día y de la noche) se incrementa (Cantarero et al., 1999). Esto se debe a que las temperaturas diurnas elevadas (alrededor de 30ºC) posibilitan una alta fotosíntesis (Andrade et al., 1997) y las temperaturas nocturnas frescas disminuyen la respiración y retrasan el desarrollo, lo que prolonga los días de aprovechamiento de la radiación incidente (Sadras et al., 2002).

Los sistemas de alta producción deben maximizar la radiación interceptada por los tejidos fotosintéticos, la eficiencia de conversión en materia seca y la fracción de materia seca que es asignada a la formación de grano (Cárcova et al., 2004). Al incrementar la radiación interceptada durante el período crítico (30 días centrados en floración), se obtiene un mayor número de granos por superficie y, por ende, se incrementan los rendimientos (Barbieri et al., 2002).

Desde la campaña 2004/05 en la UNRC se evalúa la obtención a campo del rendimiento de maíz sin limitaciones hídricas ni nutricionales y bajo una estrategia de manejo tendiente a maximizar la producción. Hasta el presente, las diferencias climáticas entre las distintas campañas agrícolas justificaron importantes variaciones en la cantidad total de agua requerida como riego para mantener la producción potencial del maíz, con una media de 248 mm y con extremos entre 60 y 405 mm de riego.

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En las últimas cuatro campañas se incorporó la evaluación de la fecha de siembra sobre la determinación del rendimiento potencial del maíz. Al respecto, se estableció que para las condiciones ambientales del sur de Córdoba, el rendimiento potencial alcanzable medio de 10 campañas es de 18.655 kg/ha para maíces tempranos y de 15.077 kg/ha para maíces tardíos. Esto determina una pérdida de producción potencial de 3.578 kg/ha.

En comparación con el rendimiento obtenido como promedio por los productores del departamento Río Cuarto (Córdoba), la brecha de producción fue establecida en 12.696 kg/ha, dado que el rendimiento medio de maíz a nivel departamental es de 5.959 kg/ha. Esta brecha,en primer lugar, puede explicarse por la oferta ambiental, principalmente hídrica; y en segundo lugar, por la diferencial oferta nutricional, debido a que la obtención de los rendimientos potenciales se logró con la adición de 269, 51, 53 y 1,5 kg/ha de NPSZn versus los 23, 18, 17 y 0 kg/ha de NPSZn utilizados por los productores del sur de Córdoba, según la encuesta realizada por Cisneros et al (2008).

El efecto del riego sobre el rendimiento potencial se está evaluando desde hace dos campañas, en las que se encontraron resultados concordantes con la oferta hídrica de cada una. En este sentido, en la campaña 2014/15 la respuesta al riego fue de 6.214 y 1.827 kg/ha para la fecha de siembra temprana y tardía, respectivamente. Mientras que en la campaña 2015/16, el impacto del riego fue solo de 1.217 y 917 kg/ha para las mismas condiciones de siembra.

En relación a la nutrición nitrogenada, es importante resaltar que se encontró un efecto interactivo entre la densidad de siembra (D) y la fertilización con N. La respuesta a una mayor densidad se observa conforme se mejore la disponibilidad de este nutriente. Por este motivo, es necesario desarrollar estrategias de diagnóstico simultáneo entre N y D. Es necesario resaltar que, hasta el presente en Argentina, no se desarrollaron modelos de diagnóstico simultáneos de N y D.

Los estudios preliminares de la campaña 2015/16 indican que la combinación óptima económica, en los lotes comerciales donde se realizaron los ensayos de N y D, osciló entre 45 kg/ha de N con 62.000 plantas/ha, hasta los 300 kg/ha de N combinados con 160.000 plantas/ha. Esto evidencia la necesidad de contar con mayor información al respecto para poder hacer recomendaciones de manejo válidas a escala de campo.

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Otro aspecto de manejo de cultivos que permite estrechar las brechas de producción es el ajuste de la distancia entre hileras. Durante varias experimentaciones realizadas en el sur de Córdoba, se pudo establecer que a medida que la oferta hídrica mejora, se debe sembrar una mayor cantidad de plantas por superficie y a una menor distancia entre hileras para minimizar el estrés por densidad. Por el contrario, a medida que disminuye la oferta hídrica, la densidad de siembra debe reducirse drásticamente y con un aumento de la distancia entre hileras para minimizar el consumo hídrico en los estadios iniciales de crecimiento, preservando así agua para el periodo crítico.

En relación al rendimiento potencial, se realizaron cinco experimentos comparando 120.000 plantas/ha a 35 y 52 cm de distancia entre hileras, respectivamente. En cuatro de ellos, las diferencias fueron significativas y a favor de los surcos estrechos con una diferencia media de 1.700 kg/ha (19.013 vs 17.310 kg/ha, para 35 vs 52 cm, respectivamente). Similares resultados fueron encontrados por productores de Aapresid en planteos de alta producción.

Finalmente se destaca que el rendimiento de maíz también depende de la calidad de siembra, dado que la desuniformidad espacial y temporal puede disminuir la productividad hasta valores cercanos al 20%. En condiciones de siembras con sembradoras convencionales, la velocidad de avance de la labor no debería superar los 4 km/h para evitar pérdidas asociadas a la desuniformidad espacial. Mientras que ésta velocidad podría incrementarse hasta los 8 km/ha si se emplearan sembradoras de precisión y con adecuadas condiciones siembra.

Por otro lado, la desuniformidad temporal tiene mayor impacto sobre el rendimiento que la espacial. La misma afectará la productividad cuando la población de plantas desuniformes supere el 15% de la población total. Factores asociados a la distribución de los rastrojos, la velocidad de siembra, la regulación de la sembradora y la calidad de la semilla determinarían la calidad de la uniformidad temporal.