La economía postelectoral: van por las reformas y la baja del déficit

El Gobierno buscará achicar el rojo fiscal a través de la reducción de los subsidios a las tarifas.

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El Gobierno ya empieza a preparar el terreno para lo que será la economía después de las elecciones de octubre. Con la confianza de que el resultado electoral les dará espaldas para generar consensos y poner en marcha parte de los cambios que Cambiemos tiene en carpeta desde que Mauricio Macri asumió como presidente, las prioridades del Gobierno se concentrarán enavanzar con la reforma impositiva y la laboral y en reducir el déficit fiscal.

La semana que pasó el equipo económico mostró algunas de sus cartas. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, presentó ante el Senado el proyecto de responsabilidad fiscal que busca poner un tope al gasto de la Nación y de las provincias. Desde 2018, el gasto se mantendrá en niveles constantes en términos reales por lo que no podrá subir más allá de la inflación. Y el empleo público no podrá aumentar por encima del aumento de la población. Y el viernes pasado, el ministro fue a la Cámara de Diputados a presentar los lineamientos del presupuesto 2018, que se discutirá después de octubre. El Gobierno estirará el debate a la espera del recambio de las cámaras en diciembre, con la idea de que -si los pronósticos se cumplen- tendrá más votos asegurados. Tal como anticipó Clarín, el proyecto contempla un crecimiento del PBI del 3,5%, una inflación a diciembre del 10%, un incremento del gasto del 15% y una suba del 16% de los recursos para obra pública.

Por el lado de la deuda, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, anticipó que en 2018 se emitirá menos deuda que este año. Según trascendió harán colocaciones por US$20.000 millones y destinarán otros US$13.000 millones al pago de intereses.

Los otros dos ejes centrales sobre los que avanzará el Gobierno son la reforma tributaria y la previsional. Sobre la primera, ya dejaron trascender que se centrará en la reducción o eliminación de los impuestos distorsivos y reducción de alícuotas, mientras que la segunda es aún más difusa y apuntará a bajar costos para facilitar el blanqueo y la contratación de nuevos trabajadores.

Para el economista Rodrigo Alvarez, de Analytica, las prioridades del Gobierno serán avanzar sobre estas dos reformas, pero sin presentar soluciones drásticas. “Va a persistir el gradualismo, no implementarán aquí una reforma agresiva como la que se está llevando adelante en Brasil. El Gobierno necesita generar consensos. Y tiene una ventana limitada para conseguirlo, porque a fines de 2018 ya vamos a entrar en la previa de la elección presidencial y no se va a poder avanzar en las reformas”.

Tanto desde el IERAL como desde Management & Fit (M&F), sostienen que el objetivo principal será bajar el déficit público. El rojo previsto para este año, antes del pago de los intereses de la deuda, es de 4,2% del PBI, aunque actualmente está por encima de ese nivel, más cerca de 4,6%. La proyección para 2018 es que baje a 3,2%. “El objetivo del Gobierno de reducir el déficit fiscal hará que el gasto pase a evolucionar por debajo de la recaudación”, sostiene Jorge Vasconcelos, del IERAL.

Para Matías Carugati, de M&F, “la parte fiscal es la más complicada, el año que viene hay que bajar el déficit a 3,2%, y el esfuerzo fiscal es más grande porque no va a estar el efecto positivo del blanqueo de capitales, que este año representó el 0,4% del PBI”. Para el economista, “gran parte de la reducción del déficit va a venir por el lado del recorte del gasto, porque aumentar la presión tributaria es impensado”. En particular, los analistas señalan que dado que el grueso del gasto público corresponde a rubros intocables, como salarios, jubilaciones y subsidios sociales, y teniendo en cuenta que el Gobierno quiere usar a la inversión en la obra pública como uno de los drivers del crecimiento, “la variable del ajuste serán los subsidios a la tarifas, donde buscarán reducir un punto del PBI“, dice Carugati.

“El problema es que la pata fiscal tiene ramificaciones sobre otras áreas. Bajar subsidios pone presión sobre los precios, porque si las tarifas aumentan, pega sobre la inflación general. Y además si suben mucho las tarifas se achica el ingreso disponible y eso pega por el lado del consumo y el crecimiento”, resume Carugati.

Respecto de la inflación y el tipo de cambio, los analistas coinciden en que no esperan demasiados cambios en la política monetaria. Desde la consultora PWC indican que “el hecho de que aún persista un nivel relativamente alto de inflación implica que las variaciones del tipo de cambio nominal aún podrían tener un efecto importante sobre la tasa de inflación a través del pass through”. Por esta razón sostienen que “hasta tanto los niveles de inflación se encuentren bien acotados, la volatilidad en el tipo de cambio debiera ser observada con atención“.

PWC también considera que de ahora en más “persistirá cierto grado de volatilidad nominal” en el tipo de cambio, ya que esto contribuye a “limitar la generación de ‘seguros de cambio’ implícitos que tienden a dolarizar las posiciones de cartera de corto plazo, con el potencial riesgo que una salida masiva de tal posición pudiera crear. Este trade off, en definitiva, es el delicado equilibrio que el BCRA debe administrar”.

El Banco Central no flexibilizará su postura hasta que la desinflación sea un hecho“, sostiene Vasconcelos. Para Carugati, “van a seguir las grandes líneas. El Central tratando de bajar la inflación y a la vez buscando avanzar con las reformas, incluida la de responsabilidad fiscal. Cuán exitosos van a ser, es otra historia“.

Para Vasconcelos, la clave del período que viene está definir“cómo se producirá el empalme exitoso de la reactivación al crecimiento“. Sostiene que para que esto ocurra la condición necesaria será “la mejora del ambiente macroeconómico y el encendido de nuevos motores, como las exportaciones y de la inversión privada”. Lo positivo es que “el mundo y la región, incluido Brasil, aportan noticias que pueden ayudar a ese cambio del centro de gravedad, pero lo principal es reconocer que crecimiento es sinónimo de productividad, algo que se olvida a menudo”.