Las 6 claves de la cosecha y de la caja del productor

“El campo paga la fiesta de nuevo pero nada garantiza que su futuro luego mejore”, advierte un especialista.

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La maltrecha economía argentina, atrapada entre la tensión cambiaria y la espiral inflacionaria, busca en el campo noticias salvadoras. Las últimas proyecciones de la cosecha gruesa superan cómodamente las 100m de toneladas de la mano de una mayor producción de soja y maíz: 31 millones de toneladas más, que representan unos U$S 8000 millones adicionales. Muy buena noticia pero preludio de una película que ya hemos visto:

El campo paga la fiesta de nuevo pero nada garantiza que su futuro mejore el año próximo

Las largas filas de camiones que comienzan a notarse en los puertos son el resultado de tres factores claves que rodean esta cosecha record y que se potencian a la hora de decidir la venta de granos. En primer lugar, existe un problema de logística ya que el enorme volumen de maíz, con una estimación de 46 m de ton, crea una tremenda escasez de almacenamiento que obliga a mover rápidamente el cereal. En segundo lugar, existe un problema de costos donde para optimizar la rentabilidad hay que evitar el flete corto y el uso del silobolsa despachando directamente al puerto tanto para el maíz como para la soja. Finalmente, encontramos la precaria posición financiera del productor, que luego de la pobre cosecha anterior, está obligado a acelerar las ventas de granos para hacer frente a las deudas del año pasado así como a los compromisos de la actual campaña.

Como de costumbre, el productor tratará de hacer caja con el maíz como lo hizo con el trigo y buscará preservar parte de la soja que proyecta un volumen de 55 millones de toneladas. Sin embargo, los productores de maíz que están alejados de los puertos tienen en el flete un enemigo que puede hacer peligrar su rentabilidad, y por ende su venta.

La venta de granos irá in crescendo pero el productor buscará transformar, en la manera de lo posible, su excedente de soja en la caja de ahorro del silobolsa. Estos excedentes se sumaran a la oferta en función de las necesidades de caja de cada productor, de cuan atractivos sean los precios del mercado y de la incertidumbre que despierte el proceso eleccionario.

Como todos los años, se vislumbra un despacho de granos muy importante en el período abril-julio. Una abundante entrega a los traders se traduce en una fuerte oferta estacional de dólares. Esto es música para la estabilidad cambiaria que pretende el gobierno pero puede ser una mala noticia en momentos en que la cotización del dólar se transforma peligrosamente en una variable política para las elecciones presidenciales.

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La tentación de calmar a la inflación planchando el tipo de cambio con el aporte de los dólares de la cosecha y del acuerdo con el FMI está sobre la mesa de los políticos.

Un tipo de cambio, rehén de la disputa electoral, puede exacerbar la retención de granos a medida que avance la cosecha frente a la gran incertidumbre que despierta el proceso eleccionario nacional que se inicia con las PASO de agosto y finaliza en noviembre con la segunda vuelta.

Los riesgos son altos. No hay que olvidar al mercado internacional que con un elevado nivel de stocks puede presionar los precios de la soja a la baja. Y por otra parte, la incertidumbre del resultado electoral nos enfrenta a potenciales candidatos que han avalado, abierta o silenciosamente, las peores prácticas intervencionistas en desmedro del campo.

En otras palabras, los dólares para una potencial y transitoria pax cambiaria previa a las elecciones serán aportados principalmente por el campo así como las retenciones para cubrir el déficit fiscal pero nada garantiza que este sacrificio asegure que el sector pueda ver la luz en el 2020 o que impida ser “devorado por las tinieblas del pasado”, si vuelve la impronta populista