Los productores desmienten que la siembra directa haya causado la inundación: “Es una demostración de ignorancia”

La titular de la cámara que nuclea a los promotores de esta técnica salió al cruce de los cuestionamientos emitidos por Aníbal Fernández y varios intendentes K. Afirma que la siembra directa ayuda al drenaje. Y acusa al Gobierno por haber fomentado en exceso la soja, que genera excedente de agua

650x477_422458El detonante fueron las declaraciones emitidas entre el miércoles y el jueves por el jefe de Gabinete y candidato a gobernador bonaerense, Aníbal Fernández, y un grupo de intendentes provinciales alineados con el kirchnerismo. 

A su turno, cada uno vinculó el flagelo de las inundaciones con el paradigma de producción que más identifica al agro argentino: el sistema de siembra directa.

En cuestión de horas, el “es culpa de” pasó a ser propiedad exclusiva del modo de trabajar la tierra que más le regalías le aportó al oficialismo durante la última década.

Porque sí: con énfasis en la soja, el 90 por ciento de la actividad agrícola del país se concreta bajo una técnica que, entre otros aspectos, se caracteriza por erradicar la tradicional labranza del suelo a través del arado -con el consiguiente ahorro en combustibles que pregonan sus cultores- aunque, como contracara, incentiva el polémico uso de agroquímicos de diversa toxicidad.

¿En qué consiste la siembra directa? Según documentos de Aapresid, la entidad que aglutina a los promotores de este método, “es la práctica de cultivar la tierra sin ararla previamente y con la presencia de cobertura permanente del suelo, vía cultivos y rastrojos de cultivos anteriores”.

“Antes se hacían labores con maquinaria que año tras año deterioraban los suelos y cuando llovía, los impermeabilizaba. Con la siembra directa se deja al suelo cubierto con residuos de los cultivos, luego pasa una sembradora que hace dos líneas: una línea que permite dejar a la semilla en contacto con el suelo y otra lateral para dejar los nutrientes que necesita ese cultivo”, expone un documento de la entidad al que accedió iProfesional.

“Esta cobertura protege al suelo de la lluvia, de los vientos, de temperaturas extremas”, agrega.

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En búsqueda de ahondar en la potencial incidencia de esta práctica en la acumulación de agua que deriva en inundaciones, este medio dialogó con María Beatriz Giraudo, presidente de Aapresid, quien no sólo descartó cualquier responsabilidad de la siembra directa en la situación que hoy afecta principalmente a la provincia de Buenos Aires al tiempo que tildó a las críticas de “proselitismo” y claras “demostraciones de ignorancia”.

-iProfesional (iP): ¿Cómo evalúa las críticas que se están haciendo al sistema de siembra directa? ¿Tiene algún grado de responsabilidad en las inundaciones?
-Giraudo (G): Bueno, se dice que genera la acumulación de agua cuando en realidad ocurre todo lo contrario. La siembra directa ha sido una solución al problema de la lluvia que sufría la anterior labranza. Antes, el agua caía, pegaba contra el suelo y sellaba, generando una capa dura. Esto derivaba en una acumulación de líquido que terminaba escurriéndose y en ese movimiento también se llevaba el suelo fértil. Todo eso cambió.

La siembra deja cobertura en el suelo, a través de eso que la cosechadora libera a su paso. Y eso deriva en una protección. Funciona como un colchón que recibe el agua y hace que la filtración hacia la tierra sea gradual. O sea, garantiza un drenaje. Por supuesto que es una técnica agrícola y no un trabajo de ingeniería contra inundaciones. Eso no es algo que nos corresponda a nosotros.

-iP: Entonces ¿de qué forma interpreta lo que se sale a decir desde el Gobierno?
-G: Es la palabra de personas que no son idóneas. Se hacen demostraciones de ignorancia. Y eso se ve en las contradicciones en las que se caen. Por ejemplo, el INTA es un organismo que es nuestro aliado estratégico y trabajamos juntos desde el inicio de la siembra directa en la Argentina. Muchos de sus técnicos trabajan con Aapresid para seguir mejorando la técnica. Sería bueno que quienes nos critican se informen y luego se retracten en público.

-iP: O sea, se dice hacia afuera lo contrario de lo que se hace en la práctica…
-G: Son chicanas políticas. Cosas que se dicen por proselitismo. Lo que se evidencia en este momento es la falta de obras hechas por el Estado para manejar el agua. Falta trazado con planificación y obra ejecutada. El agua, con soluciones drásticas, puede manejarse en uno o dos días. Queda claro que no se ha trabajado desde el Estado para evitar escenarios como el actual.

-iP: ¿Qué evolución tiene la siembra directa en la actividad agrícola del país?
-G: El 90 por ciento de la producción agrícola de la Argentina se hace de esta manera. Hablamos de 29 millones de hectáreas que ya no se trabajan con la antigua agricultura de labranza.

-iP: ¿Y cómo se da su uso en el mundo?
-G: La mayor evolución se da en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. De hecho, vienen de todo el mundo a ver cómo funciona. Este sistema colocó a la Argentina un lugar de privilegio a nivel mundial. Hay que pensar que es la herramienta que permitió pasar a producir cuatro veces más con un aumento en la superficie de producción de sólo el 50 por ciento. Por eso no se entiende la crítica.

-iP: Además de la cuestión del agua ¿hay alguna otra ventaja que Aapresid le asigna a la siembra directa y el Gobierno no toma en cuenta?
-G: Claro. Los costos son inferiores para los productores. Con la técnica se bajó un 60 por ciento el gasto en combustibles. Eso genera menos gases para el efecto invernadero. Además, con la siembra directa se logró bajar en un 90 por ciento la erosión hídrica y eólica.

-iP: ¿Hay alguna otra variable que, llegado el momento de explicar estas inundaciones, hoy no se esté poniendo sobre el tapete?
-G: Algo que no se está diciendo es la incidencia que tiene la política del Gobierno de estimular sólo la producción de soja. La soja consume la mitad del agua que cae por lluvia en la Argentina a lo largo del año. Eso genera un excedente tremendo además de fijar un problema de napas altas.
Si se promoviera más, por poner un caso, el cultivo de trigo en invierno, el maíz, alternando con la soja en verano, se haría un uso completo de esos excedentes y no habría grandes sobrantes de agua. No diversificar cultivos, sumado a la falta de obras de canalización o de infraestructura en general, también aporta complicaciones al escenario final.