Río 2016-tenis: por la dorada: un expreso de adrenalina rumbo al éxito

Venció a Nadal en un partido inolvidable por 5-7, 6-4 y 7-6 (7-5)y se aseguró la medalla plateada; hoy jugará la final con Murray 

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RIO DE JANEIRO.- El corazón desbocado durante tres horas y los dos momentos cumbre del día separados por apenas 32 minutos y 500 metros: así se vivió en el Parque Olímpico de Río de Janeiro un sábado ya incorporado a la historia del deporte argentino. Si Manu Ginóbili selló el 111-107 sobre Brasil a las 16:47, Juan Martín del Potro terminó de someter a Rafael Nadal 5-7, 6-4 y 7-6 (7-5) a las 17:19. De la Generación Dorada del básquet a la lucha por la dorada en el tenis. Inolvidable ya, suceda lo que suceda.

Impensable, épico y asombroso Del Potro. No porque su tenis no pueda imponerse al de Nadal, sino porque una semana atrás ni él mismo se atrevía a ambicionar tanta gloria. Tras un año ausente del circuito, a escasos meses de su regreso y martirizado aún por el recuerdo de su maltrecha muñeca izquierda, era poco menos que un delirio suponer que se quitaría del camino a Novak Djokovic en la primera ronda y le arrebataría a Nadal la ilusión de su segundo oro en individuales.

Pero es así: Río de Janeiro, la ciudad en la que el mundo tiene puesta la vista las 24 horas, lo verá luchar hoy con el británico Andy Murray por un oro que para él fue bronce cuatro años atrás en Londres 2012, ese oro que sí se colgó Murray en las cancha de Wimbledon. El escocés derrotó ayer 6-1 y 6-4 al japonés Kei Nishikori y se encontrará con un Del Potro mucho más desgastado en lo físico, pero subido a un expreso de adrenalina sin límites. Mejor que sea así, porque la final de hoy es al mejor de cinco sets.

Ayer, el plan de Del Potro y Nadal era claro. Mandar con la derecha, buscar el revés del rival y desgastarlo. Del Potro,  además, con la ventaja de un servicio muy superior al del español. Y fue así, empezó mandando, que es lo que cualquier deportista sueña cuando lo que está en juego es saltar a la lucha por el oro olímpico.

 

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Fue un viaje en el tiempo, como si sobre el cemento no hubiera dos renacidos. Si el tandilense viene de largas ausencias y operaciones, el español estuvo dos meses parado y hasta hace tres semanas no podía entrenar. Se fueron y volvieron, se fueron y volvieron. Una y otra vez. Pero ayer fue como si nunca se hubieran ido. En una tarde que fue un verdadero match de Copa Davis -jugaban la Argentina con Brasil, no Del Potro contra Nadal-, el tandilense exhibió algo incluso más importante que un tenis recuperado: mostró fortaleza mental.

Hasta que a muchos argentinos se les erizó la piel, porque con dos ojos venían mirando a Del Potro, pero con un tercero inventado para la ocasión seguían lo que sucedía en el Arena Carioca 1. Ya sabían del triple milagroso del Chapu Nocioni para forzar el alargue, ya sabían que la Argentina había tomado una leve ventaja. Pero cuando a sólo cinco cuadras de distancia del tenis, Ginóbili selló el éxito sobre Brasil y el pase a cuartos de final en el básquet, la ola de euforia se fundió con la que amenazaba con generarse en el tenis y no terminaba de nacer. Tras bordear varias veces el abismo, Del Potro tenía que ser su propio Nocioni, meter triples cuando el tiempo ya se agota: si se trataba de conectar saques o derechas cuando todo parece perdido, sólo él y nadie más que él. En el tenis, a diferencia del básquet, se está solo.

Lo mismo valía para Nadal, que luchó como el león que es. Incapaces de sacarse una ventaja clara, el argentino y el español aterrizaron en un tie break a todo o nada. Y entonces Nadal, abrumado ante tanto corazón -abrumado, ¡precisamente él!-, tiró una derecha afuera y le entregó el duelo a su rival.

Era justo, porque él ya sabe lo que es ganar el oro olímpico. Ahora le toca a Del Potro intentarlo.