Siete horas de furia en las calles, en un ataque planificado y con la izquierda al frente

Los primeros grupos violentos salieron de columnas de ATE, PTS, PO y MST. Se vio gente con mazas y picos rompiendo veredas, bombas molotov y morteros caseros.

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Violencia callejera recargada. En la protesta de este lunes contra la reforma jubilatoria se pudo ver hombres con mazas y picos rompiendo veredas, bancos y estatuas de la Plaza de los Congresos para tirarle con cascotes, a mano limpia y con gomeras, a la Policía. También hubo personas tirando bombas molotovs, otros con máscaras antigas, y hasta un joven disparando municiones con un mortero casero. Nada improvisado.

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Pasadas las 23, el Ministerio de Seguridad y Justicia de la Ciudad informó que había más de 60 detenidos. Según la Policía de la Ciudad, en el hospital Churruca fueron atendidos 88 agentes con heridas, tres con traumatismos graves.

El total de heridos, según el SAME, fue de 162. Muchas, dijo su titular, Alberto Crescenti, tenían fracturas. Varios periodistasfueron agredidos.

En esta oportunidad no estuvo a cargo del operativo Gendarmería, sino la Policía de la Ciudad, que recibió refuerzos de la Policía Federal. El operativo fue distinto al del jueves pasado y las vallas estuvieron apostadas más lejos del Congreso, a la altura de Rodríguez Peña, y su continuidad, plaza del Congreso de por medio, Virrey Cevallos.

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Pasadas las 13.30, al borde del inicio de la sesión en Diputados, comenzaron los incidentes cuando un grupo de manifestantes, con pecheras de ATE, tiraron abajo una parta del vallado. Acto seguido, jóvenes que se desprendieron de las columnas de los partidos de izquierda -PTS, PO y MST- empezaron a arrojar piedras y botellazos. También se vieron banderas naranjas de la seccional Quilmes de la UOM, que lidera Francisco Gutiérrez.

La resistencia policial fue con escudos y bastones hasta que luego reaccionaron con camiones hidrantes y balas de pintura. De ahí hasta el cierre de edición, aunque cada vez con menos intensidad, se mantuvieron los focos de violencia. Puntualmente a la noche aún había manifestantes en Avenida de Mayo y 9 de Julio y en las inmediaciones del Congreso.

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Las escenas que se vieron por momentos parecían de guerra. Cientos de activistas que avanzaban contra grupos más chicos de policías y hasta insinuaban que podrían llegar a la puerta del Congreso. Luego, por gases y balas de goma, se replegaban, pero en cuanto podían volvían a avanzar.

El clima se fue enrareciendo y tomaron la posta violenta, según reconstruyó este diario, grupos radicalizados como la Organización Clasista Revolucionaria y el Movimiento Villero; aunque también participaban grupos anarquistas que dejaron pintadas con aerosol su característica marca de la “A” envuelta en un círculo.

Al cabo de un rato las balas de pintura pasaron a ser postas de goma y gases lacrimógenos: los jóvenes formaron barricadas, parapetándose detrás de placas de madera que arrancaban de cualquier obra que encontraban a su paso. Hubo rotura de vidrios, de persianas de locales y hasta quemaron autos y una moto.

El durísimo enfrentamiento se mantuvo hasta pasadas las 16 cuando la Policía decidió sembrar de gas toda la Plaza del Congreso dando un resultado efectivo -que también afectó por varios minutos a este cronista- ya que la gente se dispersó corriendo para donde podía. Hasta este momento aún estaban en la plaza los movilizados que rechazaban la violencia: permanecían con sus organizaciones y banderas expectantes de lo que pasaba dentro del Congreso.

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Pero los gases dieron por terminado esa manera de manifestarse dejando fuera de juego a la gente pacífica: salieron todos corriendo y los violentos encararon por Avenida de Mayo para reagruparse a la altura de la 9 de Julio. Allí se pudo ver a grupos kirchneristas como Nuevo Encuentro o del gremio Suteba alejándose de incidentes en los que no habían participado.

La calma volvió al Congreso, pero por unos minutos: los policías salieron a detener a quienes no llegaron a escapar hacia Avenida de Mayo. En esta tarea fueron clave las motos policiales que los interceptaron. Esta situación generó enfrentamientos a los puños entre agentes de a pie y los movilizados. Nuevamente hubo una reagrupamiento policial porque no pensaban que iba a haber este tipo de reacciones; pero no pasó a mayores.

Ya con la policía apostada en la nueva zona de conflicto, esto es Avenida de Mayo y 9 de Julio, se repitió la escena del Congreso: balas, gases y corridas. Pero hubo un acontecimiento fuera del radar policial: los gases se metieron por las hendijas de los respiradores al subte y otros cartuchos entraron por las escaleras: la gente que viajaba se empezó a intoxicar. Con el agravante de que, a diferencia de muchos manifestantes, los pasajeros no tenían limones o vinagre para echarse en la cara para calmar el dolor, situación que provocó un verdadero e inesperado caos.