Tras encontrarlos, Tailandia se enfrenta al dilema de cómo rescatar a los chicos

Los 12 niños y su entrenador podrían tener que bucear a pesar del peligro que eso supone, porque se pronostican nuevas lluvias; los rescatistas bombean el agua de la gruta subterránea contra reloj

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Decenas de personas trabajan fuera de la cueva en la que están atrapados los chicos tailandeses y su entrenador Fuente: AFP – Crédito: Lillian Suwanrumpha

BANGKOK.- La euforia por la aparición de los 12 chicos que están atrapados en una cueva en Tailandia desde el 23 de junio ya pasó. Ahora los rescatistas se centran en lo realmente complicado: lograr sacarlos de la manera más segura y lo antes posible.

El tiempo apremia. El pronóstico de lluvias para los próximos días plantea un dilema sobre la conveniencia de acelerar un rescate que en un primer momento se consideró que podría alargarse durante meses.

“Vamos a enviar comida para por lo menos cuatro meses y les enseñaremos a los 13 cómo bucear, mientras continuamos drenando el agua”, dijeron en un comunicado las fuerzas armadas tailandesas.

Los chicos, que tienen entre 11 y 16 años, forman parte de un equipo de fútbol y había terminado un entrenamiento cuando junto con su entrenador, de 25 años, fueron a recorrer la cueva Tham Luang Nang Non, en Chiang Rai, en el norte de Tailandia.

La gruta subterránea es una famosa atracción turística de la zona y la cuarta más larga de Tailandia, con casi diez kilómetros de túneles. Pero las lluvias monzónicas inundaron la caverna y se perdió el rastro del grupo el 23 de junio.

Anteayer, un equipo de buzos con apoyo internacional encontró a los chicos sobre una roca elevada a unos cuatro kilómetros de la entrada de la cueva y ahora los equipos de rescate bombean tan rápido como pueden el agua.

Existen dos principales opciones para sacar a los menores: enseñándoles a bucear o perforando un agujero para sacarlos con cuerdas desde afuera. “Por ahora creemos que la primera opción es la mejor, pero eso significa que el grupo tiene que nadar y bucear, y están practicando mientras hablamos”, dijo Passakorn Boonyalak, vicegobernador de la provincia de Chiang Rai, a 1000 kilómetros al norte de Bangkok, cerca de la frontera con Myanmar.

El gobernador comentó que se iba a instalar una línea telefónica para que los menores puedan hablar con sus familiares. Aunque físicamente todavía no están lo suficientemente fuertes para el rescate, ninguno de los chicos afronta problemas de salud serios, agregó.

La primera etapa es hacerles recuperar las fuerzas, puesto que los chicos no comen desde hace días. Pero su alimentación debe ser progresiva para evitar las náuseas, según los socorristas.

Después serán entrenados para recorrer más de cuatro kilómetros de estrechas galerías, varias de las cuales están inundadas, por lo que serán equipados con tanques de oxígeno.

“Hacer submarinismo en las grutas es algo muy técnico y peligroso, sobre todo para buzos debutantes. Por lo tanto quizá sea mejor asistirlos en la gruta hasta que puedan salir por otros medios”, analiza desde Estados Unidos Anmar Mirza, coordinador de la Comisión Nacional estadounidense de Salvamento Subterráneo.

Un buzo experimentado necesita seis horas para recorrer esa distancia, advierten los socorristas.

Los socorristas han encontrado numerosos pozos en la vertical de la gruta. Y en los últimos días se ha desbrozado parte del bosque cercano a uno de ellos para permitir el aterrizaje de helicópteros ante la posibilidad de realizar la evacuación por aire. Pero hasta ahora no se ha comprobado que alguno de estos pozos este conectado con la parte de la gruta donde se encuentran los chicos.

La vía privilegiada sigue siendo la entrada principal de la gruta, donde especialistas, sobre todo japoneses, trabajan para hacer drenar el agua. Cuanto más baje el agua, menor será la distancia que tendrán que recorrer los chicos con equipos de buceo.

Además de las condiciones físicas, su estado psicológico es fundamental para la evacuación: sumergirse en un agua barrosa que han visto aumentar alrededor suyo no es algo fácil. Además, como es frecuente en el sudeste asiático, en particular en las zonas rurales, los tailandeses no saben nadar.

Más de un centenar de agricultores de la zona van a sacrificar sus tierras de cultivo para salvar a los chicos. Las tierras de cultivo a anegar, en su mayoría campos de arroz, cubren un área de 2,2 kilómetros cuadrados. “Estamos dispuestos a dejar que el agua inunde nuestras cosechas si así se los puede rescatar”, dijo Sukchai Chariangprasert, el representante de los agricultores.

Agencias AFP, AP y DPA