Una avalancha que amenaza a todo el sistema del poder en la Argentina

La mujer de Centeno, Hilda Horovitz, contó en la entrevista que le hizo Jorge Lanata que cuando el kirchnerismo estaba en el poder había sido contratada como remisera externa por el ministerio de Planificación.

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Una de sus funciones era llevarle el diario a De Vido a Zárate.  Un viaje ida y vuelta a Zárate cuesta unos $2000, en una remisería barata: $16.000 por mes para que el ministro no vaya hasta el diariero de la esquina. Solo por esto se debería iniciar una causa.

Así de cinematrográfica es esta causa de los “Cuadernos K”, en la que hasta lo más chiquito es un escándalo en sí mismo. Se abrió una “Caja de Pandora”, que se sabe dónde empieza pero no dónde termina. Los cuadernos mencionan a Cristina, abarcan a todo el aparato del poder kirchnerista, pero también enchastran a todo el sistema empresarial y político argentino.

Toca al corazón del establishment argentino del que Macri (quiera o no) es parte. Su padre, su familia y él mismo se enriquecieron con la obra pública desde los 70. La utilización de la obra pública para financiar la política (o a sus dirigentes) no es una novedad para nadie que conozca cómo se manejan los partidos.

Se sabe dónde empieza pero no dónde termina. Ningún partido político competitivo puede explicar en la Argentina cómo financia sus campañas políticas. Lo del kirchnerismo está a la vista; Cambiemos todavía no dio explicaciones claras sobre los aportes truchos; el massismo, según fuentes de la Cámara electoral, casi no tiene aportes bancarizados.

Cambiemos en riesgo

Cambiemos puede tener alguna complicación adicional con la causa de los cuadernos. La coalición de Gobierno es una alianza de los sectores altos de la sociedad, con los populares (gracias al perfil popular de Macri y ciertas prácticas clientelares que el PRO copia del peronismo), con las clases medias (gracias al apoyo de Carrió y la UCR).

El tema de la transparencia no había estado en la agenda del PRO en sus cimientos. Lo agregó a partir de 2015 cuando entendió que esto era una demanda de la sociedad. Su alianza, en particular con la Coalición Cívica, lo acercó a estas banderas. Si de algún modo se ve implicado en la trama de corrupción que ahora se denuncia, ¿podría quedar salpicado frente a su electorado?

Con la economía en baja, el Gobierno pierde a parte de la clase media; con la apertura del debate por el aborto puede perder a sectores tradicionales que lo acompañan. ¿Podría perder a los que lo votaron (¿ingenuamente?) para limpiar la corrupción en el Estado?

Cambiemos además tiene otro desafío: recomponer los lazos internos en sus bloques legislativos después de lo que fue la feroz batalla interna por el debate del aborto. Especialmente en el PRO, quedó expuesta la diferencia entre sus dos líneas internas: los liberales y los conservadores.

La última reunión de interbloque en el Senado terminó de destruir la confianza. Pinedo –como luego hizo Michetti- les pidió al resto de los senadores que no hablaran o limitaran sus exposiciones para terminar el debate a las 22 y evitar problemas con la seguridad. Lo cruzó el catamarqueño “verde” Oscar Castillo: “Ustedes quieren terminar rápido para entregarle un triunfo a la Iglesia antes de esa hora”. A las 22 terminaba la misa que encabezó el Monseñor Mario Poli en la Catedral.

¿A qué juega Bonadio?

La sesión no prosperó por la (sospechosa) demora de Bonadio de enviar la ampliación del pedido de los allanamientos. 7.40 de la mañana del miércoles, la Comisión de Asuntos Constitucionales hizo llegar en mano al despacho de Bonadio el pedido de que ampliara los fundamentos de los allanamientos a los domicilios de Cristina.

Solo tenía que mandar una página detallando los motivos. Se le explicó que –dado que todo el miércoles los senadores estarían con la sesión del aborto-  se daría por válido un envío digital a la dirección de mail oficial de la comisión.

Bonadio se tomó todo el miércoles. Recién el jueves 10.57, tres minutos antes de la sesión, llegaron las 15 fojas. Los senadores de Cambiemos intentaron salvar la sesión. Empezaron a leer en medio de la sesión pública todas las hojas. Pero vieron que si eso tomaba estado público violarían el secreto de sumario. La lentitud de Bonadio enterró la autorización de los allanamientos.

¿Por qué se demoró?”, se preguntó un senador del peronismo que no entiende los movimientos del magistrado. “¿Por qué nos mandó un oficio tan malo en que ni siquiera constaban los domicilios de las oficinas que se pretendía allanar?”, sigue el senador.

Quizás, creen algunos, Bonadio está haciendo una demostración de fuerza al hacer escritos tan desprolijos frente a senadores del PJ que ya de por sí están en posiciones incómodas porque se ven en la obligación de enterrar a su exjefa.

Al final tuvieron que posponer la sesión. Va a ser el miércoles a las 14 y no necesita quórum para arrancar. Con solo un senador sentado ya arranca el debate y en unos minutos se puede votar. El peronismo garantizó que no va a obstruir a la Justicia.

Este peronismo siente que puede ser beneficiado con toda esta movida. Con Cristina Kirchner bajo la lupa, creen, queda marginada como principal opositora. O al menos, le quita autoridad moral para correrlos por izquierda y les evita a ellos correr detrás de cada “capricho de Cristina”.

Más allá de ese pequeño entusiasmo, existe un pensamiento íntimo de más de uno (dentro del peronismo pero también en el macrismo) que expresó Pichetto a viva voz en medio del debate por el aborto en la madrugada del jueves.

Dijo esto: “No hay que seguir degradando la política en la Argentina, no hay que seguir destruyéndola porque después de eso no hay nada. Miren lo que pasa en Brasil: se destruyeron las empresas, se destruyó el sistema político, se reestableció el poder militar y el que viene es un militar de ultraderecha”.

En el fondo, el miedo latente es que esta avalancha, que recién empieza, los termine comiendo a todos. El que esté libre de pecados que tire la primera piedra.