Una multitud marchó bajo la lluvia para pedir justicia por la muerte de Nisman

La convocatoria de los fiscales se transformó en una de las manifestaciones más multitudinarias contra el kirchnerismo; hubo réplicas en las principales ciudades del país; estuvieron los presidenciables opositores, aunque con bajo perfil

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El silencio acompañó gran parte de la marcha. Pero se tornó más sonoro a las 20.12, cuando la multitud que desbordaba la Plaza de Mayo enmudeció por un minuto para homenajear al fiscal Alberto Nisman. Fue el cierre del 18-F: una movilización masiva que venció a la lluvia por momentos torrencial, y que, por su magnitud, resultó un revés para el Gobierno, destinatario del reclamo de justicia.

Encabezada por un grupo de fiscales y por la familia de Nisman, la marcha estuvo marcada por la participación de manifestantes sueltos, en su mayoría de clase media, sin identificación partidaria.Con una concurrencia de 400.000 personas, según el cálculo de la Policía Metropolitana (algo superior a la que realizó LA NACION), y de 50.000, de acuerdo con las fuerzas de seguridad nacionales, fue quizá la movilización más numerosa contra el gobierno kirchnerista: desbordó la Plaza de Mayo (desde el vallado situado a la altura de Reconquista) y sus calles laterales, y ocupó, al mismo tiempo, el trayecto entre la Casa Rosada y el Congreso.

La protesta se celebró a un mes de la muerte de Nisman, encontrado con un balazo en la cabeza, en circunstancias que la Justicia todavía no logró dilucidar. Fue cuatro días después de haber denunciado a la Presidenta por el presunto encubrimiento del atentado a la AMIA, una acusación que el Gobierno calificó como “insostenible”.

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La marcha tuvo sus réplicas en las principales ciudades de las provincias. Por su masividad, se destacaron las de Mar del Plata, Córdoba, Rosario y Santa Fe. Aunque menores, también se realizaron protestas en ciudades del exterior, como Roma, París, Sydney, Santiago y Montevideo. En Buenos Aires, el reclamo llegó hasta las puertas de la quinta presidencial de Olivos. Pero la Presidenta no estaba ahí: tras encabezar al mediodía un acto en Zárate, viajó a la residencia de Chapadmalal.

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La cabecera de la movilización partió a las 18 de la plaza del Congreso y dos horas más tarde llegó a la Plaza de Mayo. Se ubicó frente a la sede de la UFI AMIA, la fiscalía que dirigía Nisman, sobre Hipólito Yrigoyen. Encabezaron la columna el líder del gremio judicial, Julio Piumato, y los fiscales José Campagnoli, Carlos Rívolo, Guillermo Marijuan, Raúl Pleé, Germán Moldes y Ricardo Sáenz, entre otros, todos enfrentados con el Gobierno.

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Llevaban una bandera negra que, en letras blancas, decía: “Marcha del Silencio. Homenaje al fiscal Nisman”. Estaban separados por un corralito y custodiados por personal de seguridad, que vestía remeras negras e impedía que la gente se acercara. La jueza Sandra Arroyo Salgado, ex mujer de Nisman, eligió el bajo perfil. Ni siquiera subió al escenario. Iba un poco más atrás, junto con la madre y la hermana del fiscal, y la hija mayor de su matrimonio con Nisman, Iara.

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Como el resto de los manifestantes, los fiscales llegaron a la Plaza de Mayo empapados, con el pelo achatado por el agua y con la ropa pegada al cuerpo. Al principio suave, la lluvia se transformó en diluvio a las 17.45, a sólo 15 minutos del comienzo de la marcha. A un primer momento de incertidumbre, en el que varios manifestantes buscaron refugio en bares y restaurantes de la zona, le siguió la decisión de seguir adelante con la protesta. Enseguida la Avenida de Mayo se cubrió de una marea de paraguas. Vista desde arriba, la imagen era impactante: no se podía divisar el suelo.

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“¡Justicia! ¡Justicia!”, fue la consigna más repetida durante el trayecto hasta la Plaza de Mayo. También corearon “¡Argentina! ¡Argentina!”, en un grito que se mezclaba con otro de tono muy agresivo: “¡Asesina! ¡Asesina!”. Era una referencia elíptica, pero obvia, a la Presidenta, a la que buena parte de los que marcharon culpa de la muerte del fiscal.

Después de cantar el Himno Nacional, los manifestantes dejaron la Plaza de Mayo de a poco, sin que se registraran incidentes. La policía se mantuvo lejos. La tranquilidad que signó la movilización contrastó con el clima convulsionado que se vivió en los días previos. Más allá de la proclama de los organizadores para que la marcha no se politizara, la convocatoria trazó una línea divisoria en el escenario que se trasladó a buena parte de la sociedad civil.

 

La protesta reunió a casi todos los sectores enfrentados con el oficialismo, que responsabilizaron al Gobierno por lo que calificaron como un “crimen político”. Los principales precandidatos presidenciales de la oposición participaron de la marcha, pero con perfil bajo. Estuvieron Ernesto Sanz, Sergio Massa, Hermes Binner, Elisa Carrió, Julio Cobos y Mauricio Macri.

En la previa, el Gobierno había reaccionado de manera enérgica: funcionarios cuestionaron a los organizadores y calificaron la movilización como una maniobra para “desestabilizar” a Cristina. Horas antes de la marcha, la Presidenta habló por cadena nacional, pero no hizo referencia a la protesta.

Entre forcejeos y ovacionados como estrellas de rock, los fiscales subieron al escenario a las 20.08. Con muestras de cansancio y de satisfacción, le cedieron el micrófono a Piumato, que se limitó a pedir un minuto de silencio. Después vino la desconcentración. Había pasado el 18-F.